martes, 18 de abril de 2017

Artículo || Los peligros de la fantasía.



Hola amigos y amigas, y bienvenidos y bienvenidas de nuevo a este que es mi blog. Durante este curso he estado dando mucho el coñazo en mi twitter (que por cierto, es este) sobre una asignatura que he tenido la suerte de estudiar en mi erasmus. Si todavía no lo sabes, es que no me sigues en twitter o me tienes silenciado, porque cada vez que tenía oportunidad lo sacaba a relucir. Era una asignatura sobre literatura fantástica y de ciencia ficción, y además de leer libros tan chulos como estos, discutíamos en seminarios temas muy interesantes relacionados con la literatura de género.

Hablabamos sobre muchas cosas, la mayoría relacionadas con los libros que teníamos que leer. Un día, por ejemplo, hablamos sobre Tolkien y su obra como alegoría, también hablamos de Philip Pullman y su relación con la iglesia y la sexualidad, sobre Susanna Clarke y la historia de Inglaterra, y sobre una cantidad de temas interesantísimos que me encantará contaros en otro momento. Hoy no vengo a hablaros sobre ninguna obra en concreto, sino más bien de la fantasía en general. De los peligros de la fantasía, en concreto. 

Este fue uno de los debates que tuvimos en clase, precisamente. Aunque fue uno de esos que salen sin proponerse y no dieron para mucho, a mí me hizo pensar. ¿Nos hace la fantasía más pasivos? ¿Más aislados del mundo real y sus problemas? ¿Evita que demos un paso adelante y afrontemos los problemas de este mundo? Yo mismo he estado reflexionando largo y tendido sobre esto en mis ratos muertos (cuando me enjabono el pelo en la ducha, por ejemplo), y todavía no tengo una opinión clara al respecto. Diréis, y con razón: Edu, si no tienes una opinión clara, ¿qué coño vas a contarnos aquí?

Eso, amigos y amigas, es lo que descubriréis leyendo este artículo. Igual que yo lo descubriré escribiéndolo.

Vamos a dejar clara una premisa sobre la literatura fantástica desde el principio. La literatura fantástica crea un mundo secundario. ¿Estamos de acuerdo? Tolkien con la Tierra Media, Pullman con sus universos paralelos, Elantris de Brandon Sanderson, o incluso J.K. Rowling con su sociedad mágica escondida en la nuestra. La fantasía se basa en parte en la alteridad de nuestro mundo, o nuestra realidad. Es difícil encontrar una obra fantástica que no contenga esta alteridad, este mundo secundario (si se te ocurre alguno, por favor, déjamelo en los comentarios). Incluso cuando hablamos de fantasía urbana, como puede ser el Neverwhere de Neil Gaiman ambientado en Londres, lo que se está haciendo es mostrar un mundo secundario, en este caso, un Londres diferente al que conocemos. 

La creación de este mundo secundario es una de las bases de las fantasías, y no sé para vosotros, pero para mí es de las mejores cosas de la fantasía. Me apasiona la creación de mundos, el worldbuilding. A veces más que la propia historia. Me encantan los mapas, las ciudades, las historias (en los dos sentidos de la palabra), las razas, las sociedades, las lenguas... todos esos elementos que conforman el mundo secundario y donde se ambienta la historia. Y me encanta cuando el worldbuilding está tan bien desarrollado que el mundo tiene sentido en sí mismo. De Memorias de Idhún de Laura Gallego, el libro de mi adolescencia le pese a quien le pese, lo que más me gustó sin lugar a dudas fue Idhún. Recuerdo leerlo con emoción, queriendo formar parte de ese mundo. Quería visitar Idhún, conocer a los celestes y a los varu, visitar las torres de hechicería, ver un dragón, un unicornio o un shek con mis propios ojos... Y más aún, quería saber más cosas de Idhún. Su historia, sus lenguas, sus reglas... el querer saber más del mundo en el que se ambienta la historia que estoy leyendo es uno de los motores que muchas veces me impulsan a seguir leyendo. Hace que esté más interesado en ese mundo que en el que estoy viviendo. De hecho, con gusto cambiaría el mundo que estoy leyendo por el que vivo. Y no mintáis, que seguro que vosotros habéis pensado lo mismo muchas veces. 

Venga, vamos a hacer una encuesta rápida. Que levante la mano quien alguna vez haya deseado ir a la Tierra Media, o al universo de Star Wars, o recibir la carta de Hogwarts *sucede esto*.

Todos hemos querido recibir esta carta. Sí, tú también, no pongas esa cara.
La fantasía, en muchos casos, nos empuja a estar más atentos a ese mundo secundario que al nuestro propio (por lo menos, es lo que a mí me pasa, me encantará saber si os pasa a vosotros también o no). Tolkien, en su ensayo On Fairy Tales, decía que esto era beneficioso, que la capacidad de imaginar mundos mejores nos hacía capaces de crear mundos mejores, de hacer de nuestro mundo un lugar mejor. Para Tolkien, viajar al mundo secundario provoca un deseo en el lector de cambiar el mundo primario. Para mí, esto no siempre es así. Cuando yo viajo del mundo secundario al primario, en muchas ocasiones este me produce más rechazo todavía. ¿Os pasa a vosotros también? 

Hay un crítico que detesta la fantasía y aprecia la ciencia ficción por esta misma razón. Me vais a perdonar, pero no recuerdo el nombre de dicho señor porque lo mencionaron muy rápido en clase y el Edu del pasado no tomó nota. Le llamaremos Mister Pimiento. Mister Pimiento defiende que la fantasía nace de un deseo de escapismo, de huir del mundo primario sin cambiarlo en absoluto, manteniendo el status quo. La ciencia ficción, por el contrario, es pura crítica. Enseñando el futuro al que nos lleva el presente se pretende promover un pensamiento critico hacia nuestra realidad y cambiar tanto el presente como el futuro. Existe toda una corriente que comparte esta visión, y yo mismo estoy en parte de acuerdo con Mister Pimiento. Creo que la ciencia ficción es por naturaleza mucho más crítica que la fantasía. Ahora, no creo que la fantasía tenga como objetivo último el escapismo, y muchos menos creo que eso es todo lo que define al género. 

Sí creo que en parte la fantasía puede llegar a hacernos más conformistas. pasivos, menos críticos con el mundo real. A mí me ha pasado. Estando muy obsesionado con Juego de Tronos o Star Wars, me he desentendido de lo que sucedía en mi país, o en el mundo. Pero no creo ni de lejos que toda la fantasía tenga este efecto, ni que este sea el objetivo de la fantasía. Creo que hay obras de fantasía que son críticas por naturaleza, que suceden en un mundo secundario pero impulsan a cambiar al primario. A veces, incluso, el secundario no es más que un reflejo del primario. Se me ocurre, por ejemplo, La Materia Oscura de Philip Pullman, una de las obras más críticas que he leído nunca, o Neverwhere de Neil Gaiman, que depende de como lo leas es una representación de los sin techo de Londres, o Sueños de Piedra, de las españolas Iria y Selene, que discuten largo y tendido sobre el feminismo. La fantasía puede, de hecho, ser crítica, estar ambientada en un mundo secundario, y aun así hablar del primario

Jack Zipes, en su artículo Why Fantasy Matter Too Much, defiende la importancia de la fantasía. Él cree que es a través de la fantasía, y no de la razón, el método por el cual tratamos de comprender el mundo. Y dice que la mejor prueba de que la fantasía es importante está en que está siendo utilizada para mantener el status quo, para no ser crítica, para extraernos de la realidad. Siguiendo las ideas de Zipes, entendemos que obras como El señor de los anillos o las películas de Disney sí son peligrosas en cierto sentido, porque no promueven ideas críticas hacia nuestra realidad, y no hacen sino promover todas esas cosas que hasta ahora no nos han funcionado muy bien (heteropatriarcado, capitalismo, racismo, etc.). Para Zipes, la fantasía buena, la importante, es la que es crítica, mediante la cual tratamos de comprender y cambiar el mundo. La materia oscura, de Philip Pullman, podría ser citado como ejemplo.

En el debate de clase, una chica dijo que la gente que rechazaba la fantasía por supuestamente carecer de elemento crítico, le resultaba cerrada de mente. La fantasía es un género amplísimo. Y ciertas obras pueden no ser críticas per se, y aún así ser un reflejo de nuestra realidad y ser grandes obras literarias. Incluso se les podría encontrar una lectura crítica si les busca. Harry Potter no tiene como objetivo denunciar ni criticar nada, pero nos habla de la amistad, del amor, del ser humano. Hay hasta quien dice que leer Harry Potter te hace mejor persona. Y aunque tiene ese componente de escapismo (sigo queriendo ir a Hogwarts), sí nos enseña cosas que son iguales en el mundo secundario que en el primario.

Pues no está criticando los valores podridos de occidente, pero mírale qué majo él con sus gafitas. 

¿Está Harry Potter, El señor de los anillos, o Disney manteniendo el status quo? ¿Son peligrosas? ¿Es necesario que sea crítica, si quiera? Esas son preguntas que os lanzo a vosotros.

Creo que, como todo en la vida, si la fantasía nos hace más pasivos o no, depende de muchas variantes. Sobre todo, de los libros que se leen y de las personas. Alguien puede leer Luces del Norte y quedar encandilado con los daemonions y las brujas, y quedarse con eso de la obra de Pullman; a otra persona, sin embargo, puede hacerle pensar sobre crecer, sobre la sexualidad, sobre la iglesia y su poder en nuestro mundo más que en el suyo. Y podemos disfrutar del escapismo que nos ofrece el género y aun así ser conscientes de que vivimos en un mundo con problemas que necesita cambios. Solo tenemos que encontrar el equilibrio perfecto.

Ahora me gustaría mucho saber tu opinión. 

¿Crees que la fantasía nos hace más pasivos? ¿Que no es tan crítica como la ciencia ficción? ¿O todo lo contrario? ¿No estás de acuerdo con nada de lo que digo aquí? 

Cuéntamelo en los comentarios. 


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2 comentarios:

  1. Hola Edu, interesante debate.Creo que la fantasía y la ficción en general,efectivamente, son un escapismo,algo que necesitamos hacer dentro de nuestra vida diaria y real pero no creo necesariamente que sea algo pasivo y estoy de acuerdo contigo en que todo depende de lo que cada persona busque en esos mundos secundarios.Yo busco entretenimiento y viajar con la imaginación a nuevos mundos, sí, pero al mismo tiempo siempre descubro personajes y situaciones que me inspiran para ser mejor en la vida real (Harry Potter actuaría así,o la Princesa Leia no haría eso, Sam haría lo que fuese por Frodo, etc...) con lo que, de alguna manera ya estaría cambiando mi vida real para bien y también la de mi entorno así que pienso como Tolkien: que la fantasía puede hacernos mejores...pero si estamos predispuestos a tomar ejemplo.
    Enhorabuena por el post!
    Teresa.
    letrasparlanchinas.wordpress.com

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    1. Hola Teresa!
      Yo tambien estoy de contigo en que la fantasia es un escapismo, pero algo que ciertamente necesitamos y que de alguna manera nos hace mejores personas. Como tu dices, si estamos dispuestos a tomar ejemplo!
      Gracias por comentar y arrojar luz sobre este tema :)
      Un abrazo!

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